“Visión de Dios, visión del hombre y su trascendencia desde diferentes perspectivas de fe“
Es muy conocida la raíz ánthropos, que significa hombre o humano, y la raíz logos, que significa palabra o expresión. Pero más allá de la definición nominal, Aristóteles decía que el antropólogo es “el que gusta conversar sobre los humanos”. Hoy en día, la antropología sigue igual de vigente que cuando el filósofo la quiso definir como un amor a hablar o aprender del fenómeno humano. Es tarea nuestra hablar del humano no solamente como naturaleza, vida, voluntad, como sujeto o como razón, sino como ser humano en su totalidad. Scheler insiste en la existencia en el ser humano de una dimensión trascendental que nos separa de la mera animalidad. Argumenta que mientras la imaginación, la memoria, la sensibilidad y el sentimiento son fenómenos vitales, son muy semejantes a los propiamente biológicos. Pero existe una dimensión propia y exclusiva del ser humano: la dimensión espiritual. Debemos tener en cuenta que la antropología es de las disciplinas que son estudiadas por el mismo objeto que se estudia. Esto complica, pero a la vez enriquece la discusión. Lo curioso es: ¿Cómo es que el tema espiritual afecta tan íntimamente a la vida de una persona? ¿Qué hay en el ser humano, por lo cual le resulta sumamente difícil permanecer neutral ante el problema de lo religioso y de Dios? Estas preguntas son propias de la antropología filosófica, pero más específicamente, son propias de todo ser humano.


